One Piece 771 - Sai, Don de la armada Happou
Siempre defenderé la saga de Boo de Dragon Ball. Normalmente es una saga muy criticada, pero a mi me encanta. En la saga de Freezer ya hacía mucho que se había perdido cualquier atisbo de esperanza en las escalas de fuerza y sólo restaba la épica. Con Célula teníamos relleno del bueno, con alguna cosita interesante y un Toriyama que intentaba cambiar de protagonista para mantener su interés mismo. Con Boo Toriyama sabía que había perdido ya la oportunidad de cerrar el manga en su momento y se dedico a lo que quería, a autoparodiarse y a divertirse escribiendo una sucesión de chorradas y recuperando el sentido del humor más original de su obra.
El humor es propio de los primeros capítulos de los mangas, después todo acaba siendo devorado por la épica y la grandilocuencia y las risas desaparecen en favor de grandes discursos y puñetazos cósmicos. Es uno de los grandes errores de los shonnen, el humor no puede desaparecer por completo, aparte de su funcionamiento propio como entretenimiento es una de las mejores herramientas posibles contra el hastío por grandilocuencia. Un manga, como un libro o una película, no puede aspirar siempre a lo más, tiene que haber transiciones. Tiene que haber transiciones dentro de las propias sagas, como tiene que haberlas entre estas mismas. Son necesarias sagas de reposo, como son necesarios capítulos de reposo que permitan preparar al espectador para los grandes clímax, en caso contrario sólo cabe el aburrimiento.
Todo esto Oda lo sabe. Tras la emoción y las batallas agónicas de Water 7 no podía repetir el esquema, y por eso tuvimos Thriller Bark. Igual que me aventuro a decir que Zou será una saga corta y sencilla tras esta Dressrosa y antes de la Wano que presumiblemente la sucederá. Todo esto lo sabe Oda, y el resto de mangakas y editores. Lo curioso es que pocos al margen de Oda parecen saber hacerlo cuando se trata de mangas largos o eternos.
Oda sabe alternar sagas grandes como esta Dressrosa con otras más ligeras como Punk Hazard. Sabe evitar que sus protagonistas se agoten valiéndose de la estructura de islas, lo cual le permite introducir personajes nuevos y alocados cuando lo necesita y darles oportunidad de descansar a los clásicos de la serie. Sabe ser creativo e inventarse diseños alocados que le otorguen a cada saga un aspecto distinto. Pero, por encima de todo, sabe usar el humor. En el capítulo anterior Oda ya tiró de honor con Hajrudin, y habrá tiempo para épica con más combates... así que en este esperaba algo más ligero y gamberro... pero Oda me ha dejado KO con el cúmulo de gilipolleces que conforman este capítulo.
Lo grande de este capítulo 771 es que no es un capítulo 771, es casi más un one-shot o un omake cómico. Es un capítulo más propio de un manga de comedia disparatada, y en el caso de un shonnen estaríamos hablando del clásico capítulo de relleno episódico que el autor hace de vez en cuando. Pero no. Hablamos del capítulo 771 de un manga que vende 3 millones. Hablamos del capítulo 771 de un manga de hostias. Estamos hablando del capítulo 771 de un manga que ha tratado conspiraciones, esclavitud, racismo y que ahora mismo tiene como enemigo principal a un traficante de armas/drogas/esclavos. Y es un capítulo en el que se atisba un pasado terrible como el de Baby 5. Pero el capítulo es una coña gigante como pocas recuerdo en este mismo manga.
Un combate a cuatro bandas en el que, mientras un viejo hace ataques reumáticos al tiempo que en una viñeta se esta muriendo para en la siguiente aparecer hipermusculado, un anciano y su nieto tienen una pelea familiar sobre las obligaciones y derechos de uno u otro, todo ello con Baby 5 dispuesta a pegarse un tiro felizmente porque con ello ayudaría a alguien. Y lo mejor es que funciona. Siendo yo muy fan de Chinjao y estando decepcionado por su actuación tras el combate de Luffy, la explicación de su derrota es tan simple como efectiva. Y el power-up sacado de la nada para Sai es relativamente coherente y sirve para justificar la pequeña gran viñeta que protagonizara contra algún vicealmirante en el Marineford 2 que veremos al final de la serie. Baby 5 era un personaje que caía bien y que no daba la sensación de ser mala, y ahora ya la tenemos convertida en una aspirante a protagonista de historia de portadas (como media Dressrosa, dicho sea de paso).
Un capítulo alocado y divertídisimo, una sucesión de chorradas molonas y épicas de una forma absurda y para nada impropia de One Piece. Y un capítulo en el que incluso sale Hancock. No me puedo quejar.
































