Ha muerto Louise Cooper. Me ha sorprendido pues aún no había llegado a los 60 años, pero el mundo es así y hay quienes viven más años del promedio y quienes viven menos. Todos los días muere gente anónima. El martes murió esta autora y me duele publicar esta entrada con días de retraso, pero Cooper era modesta y no acaparaba titulares. Pero era grande, muy grande. La literatura fantástica le debe mucho a ella y a otros tantos autores que dignificaron el género durante los duros años ochenta. No era la suya una literatura de grandes alardes de magia, era una literatura de personajes, donde la psique de Tarod o Índigo era mucho más importante que lo que pudieran llegar a desencadenar.
A mediados de los noventa, cuando ni siquiera era aún un adolescente, fueron Cooper, Eddings y Weiss & Hickman los que me encadenaron al género de la fantastica. Les debo mucho y lamento no poder comenzar ya nunca a esta buena mujer por los grandes momentos que me ha hecho pasar.En paz descanse, una vela permanecerá siempre iluminada en su recuerdo en la Península de la Estrella.