Tras una docena de años de serialización, Kenichi ha acabado. Creo que lo ha hecho en buen momento. El argumento de esta serie nunca ha sido lo más importante, pero ya había alcanzado su cénit con la aparición de todos los grandes villanos y el duelo de estos contra los maestros. Se le puede achacar al autor que la trama del padre de Miu la haya resuelto algo chapuceramente, se le puede rebatir que Kensei sigue por ahí y no ha aprendido nada, se puede decir que aún hay villanos de gran calibre... pero creo que es irrelevante. La lucha sigue y lo que hemos visto es la época de Kenichi como discípulo. La serie tenía un esquema muy limitado y ya pecaba de repetir este. Había tenido además dos momentos francamente bajos con Apachai y Sasaki donde el autor no se había atrevido a ir más allá y matar a un par de personajes importantes. Y la conversión de un puñado de enemigos en aliados en cierto momento de la última saga es algo que casi prefiero olvidar. Creo que la serie había alcanzado ya su mejor momento, y que lo tenía bastante complicado para no comenzar a caer tras tantos capítulos. Mejor acabar en lo alto. Además, ya era imposible encontrar más formas de tapar la desnudez de sus féminas.
583 capítulos. Una serie de 50 episodios y una decena de OVAs. ¿Es Kenichi una serie recomendable? No... pero sí. O sí... pero no. Kenichi es una serie extremadamente sencilla en su concepto, un chico del que abusan y que comienza a entrenar artes marciales con una suerte de maestros sádicos y extremadamente carismáticos. La fama de sus maestros hará que multitud de discípulos de otros maestros quieran enfrentarse a él. Así mismo, sus maestros también tienen sus propios enemigos. Y al final el destino del mundo casi está en juego. Es una serie muy a la antigua. No hay dramas interminables, las tramas argumentales están casi por cumplir, porque ya sería muy descarado carecer de ellas. Son simples, pero son efectivas. En caso de su duda, el autor recurre a algún tópico sobre el honor o la bondad, y todo ello siempre respaldado por un humor sano y un fanservice superlativo. Los shonnen actuales suelen ser muy complejos, esta serie es ochentera. Personajes carismáticos dandose palos y un protagonista tirillas obligado a mejorar. Todo aquel que se enfrente a esta serie sabiendo lo que va a encontrarse disfrutará con sus maestros carismáticos y sus divertidas torturas al protagonista, su fanservice sin tapujos (no deja de resultar épico que durante todo su último año de publicación una de sus protagonistas haya estado completamente desnuda en casi todos los capítulos), sus malos ultrahonorables o los alocados compañeros del protagonista. Los protagonistas tienen ki y esas cosas, pero su uso está medianamente controlado y en ningún momento vemos a los protagonistas lanzar bolas de energia; los combates en todo momento se basan en puños o armas.
En estos tiempos en los que las series tienden a complicarse, la sencilla honradez de Kenichi, su simple ambición de entretener y divertir sin plantearse en cada página dudas existenciales, su simple propuesta de buenos buenos y malos malos, su anacronismo en sí... es francamente refrescante.














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