jueves, diciembre 11, 2008

Razones para amar la televisión

Seinfeld (3ª temporada)

En su primera temporada era dubitativa, en su segunda ya se despegó de todo lo pensable en televisión y encontró su sentido en un restaurante chino... en esta tercera temporada la serie vacía por excelencia ya sencillamente es insuperable. Kramer ya se ha integrado a la perfección en el grupo y sus locuras invaden la pantalla, George ha encontrado en su desempleo el catalizador perfecto para que todos sus complejos se disparen, Eleine se ha multiplicado y se ha convertido más en amiga que en ex, y Jerry se ha convertido más en un elemento que congrega todos estos elementos con humor mordaz y sarcástico que en el protagonista mismo de la historia. Con ello la serie ya ha encontrado su verdadera esencia: la nada.
El número de subtramas en cada episodio ya se multiplica hasta alcanzar a los cuatro protagonistas (alcanzando la cima en las cuatro aventuras completamente independientes que constituyen el fenomenal episodio del metro), cada personaje se especializa en un tipo de humor, aparecen decenas de secundarios que estan destinados a poblar la serie hasta su fin (aún a la espera del gran Frank Constanza, aparece el otro gran secundario de la serie, casi el quinto protagonista y el némesis de Jerry: "Newman"), decenas de pequeños díalogos irrelevantes y absurdos sirven de nexo entre las diversas escenas y después reaparecen en otro momento como un golpe maestro. La serie tiene mucha más confianza en ella misma y ello se nota en infinidad de detalles, pero lo mejor es que tiene más confianza aún en lo que puede llegar a ser y eso se traduce en unas ideas argumentales absolutamente inconcebibles para otras series. Desde puntos de partida tan increibles como la pelea por una plaza de aparcamiento, un viaje en metro o la busqueda de un coche en unos grandes almacenes, hasta disparates hiperbólicos como cuando George y Jerry se hacen pasar por error por dos líderes neo-nazis o cuando parodían la tragedia nacional americana por excelencia como es el asesinato de Kennedy.
Sencillamente, me froto las manos pensando que aún me quedan los DVDs de 6 temporadas por revisionar.

6 comentarios:

Kururin dijo...

Extraordinaria, de mis sitcom favoritas, Kramer era el puto amo, xD.

Pero en este género mi favorita es y será siempre Frasier. Qué grande.


Saludetes.

Pennywise dijo...

Seinfeild me encantaba cuando la veia en el Plus pero me bajé el primer episodio hace unos meses y me dejó frío. Supongo que debería ver unos cuantos seguidos, aunque es increible como sacan humor de la nada más absoluta como bien dices xD

padawan dijo...

Kosmo Kramer es de los mejores personajes que ha habido en la televisión. Y Constanza!!!

Una de mis series favoritas

eter dijo...

kururin, a mi Frasier me fascina también, pero creo que es una serie que se enredó demasiado (a partir de que Niles y Daphne se liaron). Es muy grande, y los diálogos entre los dos hermanos Crane son inolvidables.

pennywise, la primera temporada es la más floja. Aún no sabían muy bien que hacer y se nota que los productores querían "llevarlos por el buen camino". Kramer entonces es un secundario de chiste por episodio, y Elaine en concreto creo que ni siquiera sale en ese primer episodio. Pero a partir de la segunda temporada es la gran serie que todos recordamos.

padawan, particularmente creo que Kramer sobreactua en algunas ocasiones... pero ese es su personaje, no es un loco, es un loco exagerado.
Es muy raro ver a un cómico tan físico en una serie de televisión (o al menos verlo y que haga verdadera gracia), pero Kramer lo consigue. Grandes Seinfeld y David con su creación, pero más grande todavía Richards con su interpretación y asimilación del personaje.

Oconowocc dijo...

Jajaja. Has ilustrado muy bien este artículo. Estoy superenganchado a Seinfeld. Ya ha volado la mitad de la tercera temporada. Sencillamente único.

eter dijo...

La tercera ya muestra el gran nivel de la serie, aunque le falta por subir un punto más... supongo que podríamos decir que lo sube en la cuarta con el capítulo "el concurso".