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lunes, diciembre 28, 2015

El retroactivo premio Picard 1976

Zardoz

Tras un más que satisfactorio ciclo de Bogart, mi hermano y yo decidimos montarnos otro ciclo cinéfilo basado en uno de los actores con más presencia de la historia del cine: Sean Connery. El escoces ya sería historia del cine sólo como Bond, pero es que además de la más mítica encarnación del agente británico tiene en su haber una gran colección de películas memorables. Es la definición de actor mítico, pues además su fama ha sobrevivido a una gran cantidad de horrores que ha hecho por dinero o por razones completamente imposibles de comprender. Una de ellas es Zardoz, una película que tenía la suerte de no conocer pero que es bastante mítica, pero que estuve moralmente obligado a ver y reseñar individualmente tan pronto como vi una imagen...
Sí, tenemos a Sean Connery vestido unicamente con un calzoncillo rojo chillón, unas botas altas y una especie de cartucheras a juego con el calzón. Añadamosle una larga melena, un bigote poblado y un revolver en la mano. Y no es una escena puntual, el bueno de Sean Connery lleva ese atuendo durante gran parte de los más de 100 minutos de la película, y cuando no, lleva uno parecido o un vestido de novia en una escena muy surreal (sí, Sean Connery vestido de novia, aún peor que su disfraz de Bond-japonés-romulano). 
Y Sean Connery sonríe y todo, porque se toma el papel en serio. No diré que la película es un "tour de force" porque Connery tampoco es que sea el mejor actor de todos los tiempos, pero hace lo que puede, y aunque sólo sea por el esfuerzo de rodar la película casí en pelota picada todo el rato... merece su reconocimiento.
Porque lo mejor de todo... es que casi es una buena película.
Zardoz es una distopia. Nos traslada a cerca del año 2300 donde la Tierra es un erial poblado por esclavos, que trabajan bajó la tiranía de unos brutales militares que visten con máscaras y calzones rojos bajo las órdenes de Dios Zardoz. Connery es uno de estos militares, que un día se infiltra a bordo de una cabeza gigante voladora en uno de los Vortex, unas aldeas inaccesibles para el resto del mundo donde viven unos inmortales. Y tenemos una historia de ciencia-ficción pura y dura, con sociedades extrañas, reflexiones sobre la vida y la muerte, la inmortalidad, la divinidad, la humanidad, la locura y tropocientas cosas. La película es terriblemente filosófica y sorprende muy para bien en ese sentido.
El problema es que es complicado tomarse en serio cualquier reflexión cuando estás viendo esto:
Era el año 76 y los efectos daban para lo que daban. Pero, sinceramente, hay cosas que son cutres, y ante eso ni la excusa de la época me vale. Los monos del planeta de los simios no quedan cutres, Spielberg supo ocultar su tiburón porque sabía que se veía falso, incluso Lucas mantuvo una escala baja en Star Wars. La grandilocuencia visual es muy peligrosa y envejece fatal... pero es que esta película ya nació mal. 
La película tiene simbolismo para aburrir, incluso tiene muchas partes donde no hay diálogos y todo se reduce a imágenes con música clásica de fondo, y si te meten alguna línea de guión es una cosa pretenciosa y ambigua. Y es una película de bajo presupuesto.... pero en ese caso se pale la falta de dineros con saber hacer cinematográfico, y eso está en cosas tan sencillas como un taparrabos normal, de la piel de un animal, no un vestuario salido de the Rocky Horror Picture Show, eso está en no abusar de espejos para cualquier juego de imágenes, está en no usar bolsas de plástico como si fueran campos de fuerza. La necesidad espolea la imaginación y la falta de medios da oportunidades a la creatividad. Entiendo todo el simbolismo que la película perseguía, entiendo el mensaje que pretendía transmitir... pero si no tienes los medios para conseguir algo... no lo hagas... busca una alternativa, busca otro tipo de recurso narrativo o metáfora visual en puesto de darles a tu montador, director de fotografía, director de vestuario, iluminador y a todo el casting en general ingentes cantidades de LSD. Si no... al final acabas con algo como esto:

domingo, marzo 13, 2011

Ese maravilloso arte llamado cine.... y esas cosas que no tienen nada que ver con él

Hoy mi pequeño blog se viste con sus mejores galas para publicar la reseña de, nada más y nada menos...

MEGAPIRAÑA


He aquí el trailer de tan basta obra:



Pero en ocasiones 1 minuto y medio no basta. No se puede comprobar en tan poco tiempo hasta donde llega el absurdo de la trama y la incoherencia misma del desarrollo de esta. No se pueden apreciar los matices de unas actuaciones que harían que Steven Seagal se diera cuenta de que ha sido superado en inexpresividad. No podemos ver la verdadera amenaza que supondría una horda de superpirañas que se lanzan a topazos contra submarinos nucleares o edificios en tierra firme. No podríamos apreciar la belleza de una protagonista que se supone que esta buena. No podríamos ver grandes escenas de acción como el pateo de pirañas. No podríamos apreciar la calidad de unos defectos especiales increibles. No podríamos aprender cosas como que chupando una batería la recargamos un 10%. No podríamos ver la labor de un gran montador que sabe cuando insertar varias veces la misma escena para ahorarse el grabar otra. No podríamos apreciar la labor de un director que sabe cuando hacer que la cámara gire estúpidamente en torno a los protagonistas o cuando se acelere tan bien como Homer Simpson trataba de enseñar a Mel Gibson.
Hay tantos matices en esta película que no se pueden expresar con palabras. Hay que verlo. Y no basta minuto y medio... hacen falta al menos 10 minutos.