Moby Dick ha caído. El carismático barco de Barbablanca yace ahora en el fondo de la bahía de la Media Luna; el viaje de Edward Newgate es un viaje sin retorno. Como siempre, resulta imposible siquiera intentar adivinar que va a pasar en los siguientes capítulos, pero si parece inevitable pensar que nos encontramos ya en la recta final de esta batalla.
Las primeras dos páginas del capítulo son sorpendentes por lo inesperado de sus protagonistas. Los novas aparecen en Shabondy contemplando la batalla de Marinford a través de los monitores. Por una parte la reaparición de estos personajes vuelve a confirmar que seran importantes en el futuro de la serie en mayor o en menor medida. Por otra parte Oda se muestra más explicito aún en lo referente al plan de manipulación de masas de Sengoku y vemos como este esta realmente funcionando con "el pueblo raso". No obstante, a pesar de lo mucho que me gusta ver a gente como Kidd, Law o Hawkings, es imposible no preguntarse qué demonios hacen allí. Que Kidd y Law, y sus respectivas tripulaciones, habían sido capaces de derrotar a un Pacifista era algo que todos más o menos presuponíamos; pero Uroge, Drake, Hawkings y Appo fueron claramente masacrados por Kizaru y la pequeña decepción de no encontrarlos en Impel Down ha sido claramente superada por la sorpresa de verlos "tan panchos" aquí. Aunque puede tardar 200 capítulos en atarlo, Oda no suele dejar cabos sueltos, luego supongo que tendremos que esperar hasta conocer que sucedió en Shabondy exactamente.
Después llegamos al caldero de piratas. Los meteoritos de Akainu siguen cayendo sobre los piratas, destrozando barcos y convirtiendo el escenario de batalla en una piscina de agua hirviendo. Es un escenario triste, el humo incluso da ese aire de antiguedad o fin de ciclo que tanto conviene a la escena. Barbablanca no es capaz de derrumbar las placas de acero con uno de sus puñetazos, lo cual no deja de ser un sintoma más de la particular decadencia de este pirata. Y junto a esa imagen en la que el pirata se da cuenta de su perdida de fuerza, tenemos ese simple pero sentido momento en el que se disculpa ante su barco. De sobra sabemos lo importante que es un barco para un pirata en esta serie, y aquí ya no hablamos de que Barbablanca y los suyos hayan perdido el medio para regresar de la batalla (y se hace dificil pensar en un Barbablanca sin el Moby Dick), si no de la perdida de un amigo. Barbablanca le pide disculpas a su barco por traerlo a una muerte segura, como ha arrastrado a la muerte a muchos otros más piratas en esta batalla. Pero estas muertes son el pago por la libertad de sus ideales piratescos. En esta serie la libertad consiste en ser capaz de elegir como y por qué morir. Y Barbablanca sabe que este es su canto de cisne y que su misión consiste en proteger los jovenes brotes hasta que tengan la fuerza suficiente como para no doblarse ni quebrarse.
La única salida a la trampa mortal de los Marines no es otra que la abertura que el peso de Oars III ha creado, y ahora además Oars ha despertado. Aún cojo y herido, es indudable que nos encontramos ante una de las variables más importantes de esta batalla. Oars además se perfila como un elemento importante en la estrategía de Barbablanca y nos muestra una vez más la fría y aborrecible maldad de Kizaru, la desgana y aparente desidía con la que este hombre lleva a cabo multitud de asesinatos al tiempo que se burla de sus víctimas me parece aún más odiable que la simple y hasta comprensible rigidez de Akainu.
Y pasamos a Luffy, que tras una de sus atolondradas estampidas habituales y el apoyo de ese par de nakamas de lujo que son Ivankof y Jimbei ha acabado nada más y nada menos que enfrente de los tres almirantes. Esta imagen no es digna de un final de capítulo, es digna de final de tomo, y aquí Oda la coloca como casi una más de la historia y nos reserva para el final una mucho más definitoria para el avanzar de la historia como es la de Barbablanca ordenando a sus hombres atacar y el uso de su "carta triunfal". Pero volvamos a Luffy. La composición de la escena es magnífica y, por enésima vez, podemos deleitarnos con el dibujo complejo y detalla que ha adquirido la serie, así como con el saber hacer de Oda a la hora de disponer de planos y reflejar con una viñeta y unas pocas palabras mucho más historia de la que seríamos capaces. Y aquí los almirantes se definen a la perfección con una frase, y así mismo los rostros de Garp y Ace son impagables por el sufrimiento y angustia que transmiten... y además Oda se reserva incluso un huequecito para mostrarnos la angustia de Oda. Esta escena es, sin duda, una de las más memorables de esta saga, pero además afortunadamente Oda la continúa. Esta escena es demasiado sugerente como para dejar a los fans libertad sobre ella. Luffy no puede hacer nada contra una terna que todos pensamos sería capaz de quizás incluso derrotar al propio Barbablanca. En este aspecto es acertado por parte de Oda ver ese nuevo "gomu gomu no gatlin stamp", un ataque ingenioso por parte de Luffy de los recursos de los que dispone pero un ataque también que suponemos bastante infructuoso.
Como siempre, todo queda en el aire hasta el siguiente capítulo. Ante esos tres monstruos que tiene delante Luffy no puede hacer otra cosa que rezar por una explosión de Haki y un golpe de suerte terrible. Y por otra parte, tras los Pacifistas, el Muro, la traición de Squardo y otras tantas tretas, parece que Barbablanca va a comenzar a responder de verdad a Sengoku.
Las primeras dos páginas del capítulo son sorpendentes por lo inesperado de sus protagonistas. Los novas aparecen en Shabondy contemplando la batalla de Marinford a través de los monitores. Por una parte la reaparición de estos personajes vuelve a confirmar que seran importantes en el futuro de la serie en mayor o en menor medida. Por otra parte Oda se muestra más explicito aún en lo referente al plan de manipulación de masas de Sengoku y vemos como este esta realmente funcionando con "el pueblo raso". No obstante, a pesar de lo mucho que me gusta ver a gente como Kidd, Law o Hawkings, es imposible no preguntarse qué demonios hacen allí. Que Kidd y Law, y sus respectivas tripulaciones, habían sido capaces de derrotar a un Pacifista era algo que todos más o menos presuponíamos; pero Uroge, Drake, Hawkings y Appo fueron claramente masacrados por Kizaru y la pequeña decepción de no encontrarlos en Impel Down ha sido claramente superada por la sorpresa de verlos "tan panchos" aquí. Aunque puede tardar 200 capítulos en atarlo, Oda no suele dejar cabos sueltos, luego supongo que tendremos que esperar hasta conocer que sucedió en Shabondy exactamente.
La única salida a la trampa mortal de los Marines no es otra que la abertura que el peso de Oars III ha creado, y ahora además Oars ha despertado. Aún cojo y herido, es indudable que nos encontramos ante una de las variables más importantes de esta batalla. Oars además se perfila como un elemento importante en la estrategía de Barbablanca y nos muestra una vez más la fría y aborrecible maldad de Kizaru, la desgana y aparente desidía con la que este hombre lleva a cabo multitud de asesinatos al tiempo que se burla de sus víctimas me parece aún más odiable que la simple y hasta comprensible rigidez de Akainu.
Como siempre, todo queda en el aire hasta el siguiente capítulo. Ante esos tres monstruos que tiene delante Luffy no puede hacer otra cosa que rezar por una explosión de Haki y un golpe de suerte terrible. Y por otra parte, tras los Pacifistas, el Muro, la traición de Squardo y otras tantas tretas, parece que Barbablanca va a comenzar a responder de verdad a Sengoku.





