La partida de Amazon. Margaret. Boa Hancock. La situación en Marieroja. Los shichibukai. Jimbei. Barbablanca. Garp. Ace. Nami. Franky. Sanji. Este capítulo no ha sido, ni mucho menos, tan intenso como el
513 o tan espectacular como el
441; incluso podemos decir que ha sido casi un episodio regalo para los fans como el
435. No obstante, ejemplifica a la perfección la más grande de las virtudes de la obra de Eiichiro Oda: su simple y llana densidad. Toneladas de información -ya sea más o menos relevante- se nos vierten en cada capítulo y, ya tengan la intención de emocionar, divertir o informar al lector, cada una de estas aportaciones parece estar perfectamente integrada con el resto. One Piece tiene un corazón gigantesco de aventura y compañerismo que le da fuerza, pero es un cerebro muy meticuloso el que logra unirlo todo a la perfección. Este episodio, una muestra más del genio de Oda, es como la continuación de ese metrónomo que sube y sube y que explotará con una fuerza que no somos capaces de imaginar en breve.

El primer punto a destacar de este episodio es el epílogo a la minisaga de Amazon Lily, y este viene protagonizado -ya es inevitable pensar que cómo no- por una de las nuevas estrellas de la serie: Boa Hancock. La shichibukai es, sin lugar a duda, una golosina que Oda se ha regalado a si mismo. La más adorable hija de puta jamás creada. Este capítulo nos ha mostrado que sigue pateando los animales que aleatoriamente parecen colocarse frente a ella, pero que todo su orgullo y altivez desaparece cuando se enfrenta a Luffy como si fuera una colegiala. Pero independientemente de lo logrado que sea el diseño físico de este personaje -admitamoslo, es una auténtica preciosidad y Oda se cuida de que siempre lo parezca regalándole siempre el plano más adecuado- y de lo divertidamente contradictoria y mutable que sea su personalidad, este personaje no va a ser facilmente desechable en el futuro. La partida de Amazon Lily podría parecer un epílogo normal a una saga pequeña, pero va mucho más allá y es la verdadera presentación de este personaje. Boa ha partido sola con Luffy. Esto por un lado desecha casi por completo cualquier posibilidad de que Margaret sea nakama de la banda pues nunca el grupo ha regresado a una isla y menos lo ha va a hacer a una que se encuentra en mitad del Calm Belt y donde el reclamo no es más importante que visitar a una vieja amiga. El segundo es que, igual que Luffy no va a volver, las posibilidades de Boa son reducidas. La shichibukai ha partido sin su tripulación y se ha despedido de sus hermanas encomendándoles la protección de la isla. Boa no tiene intención de regresar y no creo que su rol quede reducido al de una segunda Alvida.

Dejando a un lado el final de la saga de las amazonas, el capítulo se traslada entonces a Marieroja para seguir presentando el escenario que se atisba ante la gran e inminente batalla. Como en cada aparición de Sengoku, se nos regalan toneladas de información. El hecho de que Barbablanca avance y la Marina no pueda hacer nada contra él no es algo que nos pide de sorpresa, sin embargo Oda ya nos muestra que varios piratas más se estan moviendo a la sombra del gigante. Es casi obvio que Shanks y su tropa se uniran a la gran batalla. Resulta dificil pensar que los otros dos emperadores lo harán -es de suponer que Oda quiera mantener aún algún misterio- pero muchos otros piratas lo harán. Y aquí entran en escena los supernovas. Kizaru ha arrestado a quinientos piratas en Shabondy (un número facilmente conseguible si pensamos en piratas y no en capitanes piratas, recordemos que Krieg ya contaba con cinco mil hombres en su flota). Hawkings, Drake, Appo y Uroge se encuentran seguramente en Impel Down. Y en Impel Down se encuentra tambien Jimbe. Un shichibukai ha desobedecido la llamada del gobierno mundial y será despojado de su título. Seguramente no será casualidad que el único de estos siete piratas que conocemos este adquiriendo este protagonismo, más si nos dirigimos a una prisión y además Boa ha establecido una relación aún más evidenten entre los tritones, los piratas del sol y la esclavitud que Oda esta abordando en estos capítulos. Pero la rebelión de Jimbe no sólo es relevante por ella misma, lo es porque niega la de los otros seis shichibukais. La traición mayor y el asesinato de Barbablanca a manos de Barbanegra es algo que consideró casi obvio desde hace muchos capítulos, pero el resto de los roles de los shichibukais es poco menos que incierto. Boa ya sabemos que los traicionará por Luffy a buen seguro, y de Mihawk esperamos un duelo honorable con Shanks. Pero el rol de Moria, DonFlamingo y Kuma es completamente incierto. A los dos primeros los conocemos demasiado como para pensar que no trataran de sacar partido de alguna manera de este gran acontecimiento, y el tercero es tan enigmático que es fácil pensar que podría ser un agente de Dragon. Pues doy por descontado que papa acudirá para salvar a su hijo y aprovechar de paso el caos para sembrar el auténtico CAOS y llevar su revolución hasta las últimas consecuencias. No sería dificil pensar que Kuma le secunde, y echándole imaginación podríamos imaginar hasta a Jimbe si el tatuaje de Dragon años atras hubiera sido una garra de dragón.

La última parte de mi comentario, como no podía ser de otra forma, va para los nakamas de Luffy. Casi resultaba obvio que cada uno habría ido a parar a una isla y si bien resulta igualmente obvio que no vamos a ver todas sus aventuras y que después las conoceremos por sus consecuencias o recuerdos, Oda ha decidido darnos un pequeño anticipo a modo de preparación. Escenas cómicas y cortas con un marcado caracter cómico que, no obstante, nos indican claramente una evolución de las distintas habilidades de cada uno de ellos. Pero incluso en estos detalles que casi podríamos considerar gags residuales para completar páginas, viñetas que nada tienen que ver con la historia principal y que carecen de la fuerza dramática del Ace encadenado y ensangrentado qeu vemos en este capítulo, el mangaka y sus ayudantes dan muestra de su genialidad. Como he dicho en varias ocasiones, este autor tiene una habilidad excepcional para definir mundos y aventuras con una simple imagen. Su capacidad gráfica dista ya mucho de aquella con la que comenzó a dibujar esta historia doce años atrás ya, sus personajes y sus encuadres son mucho mejor, pero allí donde ha evolucionado como ningún otro mangaka es en sus fondos. El amor de Oda por la aventura más pura se refleja a la perfección en esos mundos que es capaz de definir perfectamente con una sóla imagen. Esta imaginación prodigiosa es la que nos hace crecer que un hombre puede estirarse hasta el infinito y que, en definitiva, cualquier cosa es realmente posible en este mundo.
Así pues, Nami ha sido enviada a una isla flotante donde sus habitantes estudían el tiempo y Franky a una donde la presencia de cyborgs y autorails dignos de Full Metal Alchemist es evidente. Ambos preparan una evidente subida de nivel. Sobre Nami, su isla tiene un diseño bastante convencional para lo que esperíamos que fuera una isla en el cielo, y es de suponer que la luchadora más débil de la banda va a seguir dominando los elementos por lo poco que hemos visto. Franky por su parte tiene una gloriosa escena donde se recurren a sus gags de calzoncillos y bailes, y es de esperar que Oda evolucione su estilo de lucha más allá del "Coup de vent" (Franky me parece el más desaprovechado de todos los miembros de la banda). En cuanto a Sanji, sencillamente el enviarlo a la otra isla maldita del oceano es hilarante como sólo su mala suerte y perversión podrían ocasionar, mientras Luffy es perseguido por exhuberantes amazonas, él lo es por travestis en una isla repleta de corazones, arcoiris y color rosa.
Es de suponer que en los siguientes capítulos veremos a donde envió Kuma a cada uno de los mugiwara, y aquí entran en escena de nuevo las teorías conspiratorias sobre este temible shichibukai, pues parece claro que no sólo les salvó de una derrota segura si no que envió a cada uno de ellos allí donde más fuerte podía hacerse.
Como siempre, es imposible adivinar que pasará en el siguiente capítulo, pero, también como siempre, en Oda confiamos.